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3 mar. 2008

La racha diabólica

Y si. La recordada frase del Bamba volvió a ensombrecer el cielo Santo en los dos meses iniciales del año más esperado por la familia Cuerva.
Pasaron las pachangas del verano, los tres primeros partidos del campeonato, los dos de la Copa y la sequía en Boedo era temible.
Ya los malos presagios, las sonrisas de los dueños del circo y la sorna de los pequeños agrandados eran devastadores.
Hasta que en medio de la lluvia se acabó la sequía.
Por suerte un tiro libre de González se coló para quebrar la racha y pudimos estrenar oficialmente la garganta en el 2008. No es broma haber estado a nada de hacer un record (despreciable) de malaria goleadora en el siglo de vida.
No se vio fútbol en demasía, pero no era ese el objetivo. Era un día para ganar como sea, con la mano, en off side, con foul, como sea, había que ganar. Ya habrá tiempo para mejorar el juego, pero para sumar de a tres ya no había ninguna dilación posible.
Luego de un arranque de sobresalto con esa pelota que casi se nos mete en el segundo palo, se apretó en el mediocampo, se puso más que otros días y cuando el partido estaba abierto vino el tiro de Adrián González. Si bien nos tiene acostumbrados a pegarle bien a la pelota, el grito del sábado (domingo de madrugada por estos pagos) fue el desahogo de la bronca acumulada.
Por suerte además el gol lo hizo Adrián. Por lo que representa en el grupo y en el club. Si es por deseos, hubiésemos delirado también (y tal vez más) si Romeo hubiera podido vencer al demonio que se paró en los arcos, pero a lo mejor esa dicha la tenemos reservada para la Copa. El destino, como decía Borges, es esa hoja que los mortales damos vuelta cada día para enterarnos lo que ya estaba escrito. Así que esperemos a ver qué nos reservaron los duendes para los próximos acontecimientos.

Una jugada de un corner, que todavía seguimos discutiendo, posibilitó un cabezazo en el área Cuerva que, como dicen los libros, es medio gol cuando va a un compañero. Y así fue. Un tiro muy duro se coló sin que Orión pudiera impedirlo y otra vez los fantasmas inundaron Boedo. Pero la vergüenza deportiva y las ganas de salir del pozo pudieron más, y esta vez desde la salida de un lateral otra vez González se inventó un jugadón y metió un GOLAZO al segundo palo del arco pincha. Por suerte entre el empate transitorio y el gol de Adrián pasaron 3 minutos, que no dejaron a los nervios lógicos volver a invadir los músculos.

Luego el partido se terminó de definir con el tercero. Foul aparte de Placente (que puso firme esta vez) ese gol nos dio la tranquilidad de poder ver el partido ya sin el temor que la maldita racha se volviera a presentar.

Como reconocen la mayoría de los jugadores en sus notas a los medios, se puso más de lo que se jugó. González, además de los goles, acumuló kilómetros por la banda derecha, al igual que Rivero, y Bilos también aportó presencia por izquierda. Bergesio está falto de fútbol, pero se lo notó con ganas de recuperar el terreno perdido, Méndez aguantó en defensa (todavía recordamos ese cruce del segundo tiempo con el 1 a 0 a favor) a tal punto que no puso nervioso a Martín en los 90 minutos. Y eso es mucho.

La mala de la jornada: el desgarro de Bottinelli, que abre un puesto por dos o tres semanas en la defensa que todavía nos da temor ver cómo se subsana. En el campeonato ganado sufrimos exactamente el mismo problema, pero entre Alvarado, Tula y Bianchi se fueron tapando los huecos. Hoy parece ser que la solución táctica es diferente, y no sentimos esa sensación de seguridad que tuvimos en esas otras situaciones similares.


El duelo entre el equipo de Osvaldo Soriano contra el de Ernesto Sábato (jugó en sus años mozos en el pincha como defensa con el apodo de “rompehuesos”) quedó en manos del Gordo como desde el 2003 no pasaba. Mucho tiempo contra un equipo que no debería haber tenido estos números contra el Ciclón en este último lustro.

Por nuestra parte, en Getafe, el cuervaje en Madrid se volvió a juntar para hacer el aguante lejano. Y no me olvido de ese sentimiento que tuvimos cuando vimos la imagen de la tribuna Santa delirando bajo la lluvia: ¡qué pedazo de banda que tenés, Ciclón!!!, ¡cuánto hubiéramos dado por poder estar allí!.

Aguante Ciclón.

Segola

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