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26 dic. 2008

Algo habrá que cambiar

Cuentan algunos historiadores que cierta vez Napoleón Bonaparte estaba vistiéndose y era asistido por su valet. Como el Emperador era de estatura baja, y no podía acceder una prenda en la parte alta de su armario, su asistente le dijo que no se preocupe que él se lo alcanzaba ya que era más grande. La respuesta sin demora del corso fue “más grande no; más alto”.

Sin querer tomar partido o no por el emperador, valga la anécdota para reflejar una visión, un estado de percepción propia que creo que San Lorenzo adolece desde hace mucho, pero mucho tiempo.

Alguna vez al Toto Lorenzo cuando ya estaba casi retirado, le preguntaron sobre cuál era el equipo en donde quería volver a estar o donde se había sentido mejor y respondió que con los hijos listillos de la ribera. Ante la repregunta sobre por qué no San Lorenzo, respondió un sincero “San Lorenzo es otra cosa, si hasta cuando perdés te vienen a saludar en la semana; es como una familia”.

Al revés de la visión un tanto soberbia del prócer galo con ese convencimiento de supremacía (y con ese toque de atención del viejo Juan Carlos Lorenzo) el espíritu general de nuestro club es diametralmente opuesto.

Si bien hay una parte importante de la definición del Toto que en lo personal nos puede agradar mucho como Institución social, creo que el tema de la voracidad deportiva es una flaqueza que debería corregirse desde inferiores. Claro que lleva mucho tiempo, y es muy difícil, mucho más cuando lo que existe es un mensaje contradictorio desde las altas esferas el club y además, en Argentina, dentro de la cancha no solo hay 22 jugadores sino que se agregan intereses económicos variados, los ejecutores de las medidas y los asalariados escritores de medios de deformación de turno.

Este esperado 2008 nos dejó a los Cuervos como cosa más importante del año los festejos del Centenario y el Silencio Atroz del 8M. Es decir: nada. Desde lo intangible, nos dejó una imagen de buen fútbol en gran parte de este último torneo. Demasiado poco para un club como San Lorenzo que pretende otra cosa. ¿O es sólo la masa societaria y simpatizante la que lo pretende?

Analicemos las contradicciones para ver qué nos dejan para pensar.

Se empezó el 2008 con la ilusión de la Copa y con un plantel que hacía tiempo San Lorenzo no tenía. Por nombres propios era el CASLA más fuerte de los últimos años. Y ante tamaña empresa nos quedamos con la pelea interna por un cheque de un premio, las declaraciones cruzadas de jugadores del plantel sobre el puterío interno (textual), y las borradas de entrenamientos. A una gran ilusión se le contrapuso un cachetazo de realidad de por dónde pasaban objetivos más de corto plazo.
Evidentemente había una escala de valores que no estaba compartida en su apreciación.

Todos vimos en ese momento que el sueño de la Copa era una obsesión para la tribuna pero que por 700 mangos se podían llegar a pelear todos sin interesar la gloria.
Totalmente al revés, ¿cuánto hubieran pagado los Camboyanos para tener en su momento los recursos de este plantel y la posibilidad de jugar esas instancias?. Pero a 20 años de ese equipo de hombres de verdad, nos encontramos con una realidad extremadamente diferente.

Pero ¿cómo podemos pedir que valoren internamente lo que queremos, si el propio club no da muestras de seriedad desde la cabeza?
No es cuestión de volver siempre a hablar de lo que pasó en el 64 con la dirigencia y la Copa, de lo que pasó en el 81 con la gestión de esa época, del destierro del 82, ni de las limaduras deportivas que se sufren desde que el poder mediático se jugó por dos equipos. Para levantar la cabeza no nos podemos pasar los próximos 30 años hablando de lo que pasó los últimos 30 años.
El tema es generar respeto hacia el Club y la pregunta es ¿cómo hacerlo si internamente nos estamos cavando la fosa nosotros mismos?

A los problemas de las internas del primer semestre se dejó que un DT nuevo se haga cargo del tema cuando no tenía nada que ver en el asunto. A los desplantes previos al torneo y durante él, se dejó que el tiempo y los triunfos taparan las señales. Con esa desidia se dejaron de tomar medidas ante las declaraciones de desprecio o borradas de un jugador que no se presenta a pretemporadas o entrenamientos, o exigencias de jugadores no aptos para una primera división, y no se dieron muestras para empezar a marcar el territorio de lo que debe ser el Club como Institución que determina las reglas dentro de su casa.

Ante actos de desprecio interno se mira para otro lado y se debilita la autoridad del Club como para marcar seriedad del mismo. No esperemos luego que los de afuera no hagan desprecios o vejaciones al club, ya que si desde adentro damos muestras de debilidad, no podremos evitar que desde los rivales (y el poder que ellos representan) existan límites.

Los atropellos externos del poder de estas últimas semanas no se originan en el apaño del sorteo diabólico. Eso ya es anécdota menor.
Luego de la fecha del 30 de noviembre, vimos en la prensa del 1 de diciembre cómo se hablaba de ciertas anormalidades en un partido jugado en la zona del Riachuelo:
- El juez pifió al cobrar penal para boca, no le sancionó uno a Racing y debería haber amonestado a Battaglia y Riquelme. Demasiado. (Olé).
- Después, Pablo Lunati inventó un penal y se abrió el marcador. (Clarín).
- No hay contacto entre el arquero y Figueroa y -si existe- no fue lo suficientemente fuerte como para derribarlo. (La Nación).
Y ya antes, estos mismos rivales ante San Martín habían tenido otra manito de ayuda.

Al mismo tiempo, contra San Lorenzo, participa un mismo lineman que ya nos levantó la bandera y ayudó a anular goles bien hechos (Méndez contra belez) de la misma forma que no la levantaba para convalidar situaciones irregulares (Grondona football team de Sarandí). Pero no hubo ningún reclamo formal desde San Lorenzo.
El único reclamo que existió desde la dirigencia del club, consistió en el del pedido de retiro de una bandera por su condición de “mufa”. Es raro que a veces ciertas cosas no tangibles pero malolientes son infinitamente menos visibles que otras infundadas o fundadas en inexistentes brujerías medievales.

De la misma manera, poco amor propio se muestra cuando en el invierno del 2008 ante una junta efectuada en el CASLA, los patovicas que aparecen para “cuidar el orden”, vienen con los camperones del equipo de Cargill S.A. Menuda muestra de poco aprecio a nuestros propios colores.

Algo similar es cuando los hinchas de Manliba vienen al Bidegain y queda el estadio con pintadas de su propia interna política y no se hace nada. Alguna vez gente (aceptamos pulpo por animal de compañía) de la federal ha dicho “aquí solo se divierte bosta”. De terror.

No con el deseo de volver atrás sin sentido, pero está fresco lo del 2003 ante este mismo rival y en circunstancias similares (quedamos subcampeones); de la misma manera que son recientes otras comparaciones odiosas cuando se le niega desde los escritorios a San Lorenzo la participación de un triangular en España en 2007, cuando a los de siempre sí se les permite cambiar fechas para jugar la Gamper (con las derivadas de imagen, trascendencia y economía que ello implica para el club).

Evidentemente, no generamos el respeto necesario para que se nos valore.

No es casualidad que contra determinados rivales SIEMPRE una fecha antes tenemos expulsados, o ya directamente en el partido terminamos con uno o dos menos. O nos pasa que nos cobran la falta fuera del área para no cobrar la mano dentro cuando la jugada debía seguir por ley de ventaja. Por ejemplo.

Este campeonato recientemente finalizado para el CASLA no nos debe tapar el bosque: lo perdimos nosotros al no ganar puntos que debíamos ganar (con el lobo en el Bidegain y con Newells con dos goles de ventaja a 8 del final).
Quedarán eternas las dudas de por qué se produjo ese bajón y siempre los runrunes de los pasillos seguirán diciendo que el tema de premios no arreglados ayudó a la desconcentración de los objetivos principales. No tendremos nunca la declaración de los implicados, pero ante tamaños desplantes antes recibidos por términos similares, hasta esta duda se hace merecedora de ser considerada. Pero fuera de ello, una vez que dimos la oportunidad de perder la ventaja de puntos ganada en la cancha, dejamos actuar a los rivales y no supimos defendernos.

Y como el perro que se muerde la cola, cómo no va a haber problemas desde los vestuarios (ahora, ayer o mañana) si ves que desde donde se deben velar por los intereses del club, no siempre se hace lo adecuado. ¿Qué respeto genera el Club hacia los que ocasionalmente defienden los colores? (y digo ocasionalmente porque no hay que engañarse, que el fútbol es profesional y hasta jugadores de nuestras propias inferiores se dicen hinchas de otros clubes). Dentro del descontrol y viva la Pepa, todo es permitido y nada nos debe sorprender. Cada uno en su lugar tratará de sacar la tajada que más le convenga. Pero resulta que el Club es lo que queda servido para el desguace.

Gran parte de este plantel estuvo discutiendo hasta las 4 de la mañana de la previa a un partido sobre si los premios eran tales o cuales, y desde nuestro corazón de hincha no podemos entender una actitud como esa. La falta de respeto es inadmisible, por más besos que le des luego a la camiseta.
¿A cuántos de nosotros en nuestros trabajos se nos permitiría una cosa similar?

Y fuera del desguisado del sorteo, y centrándonos en lo deportivo del partido del 20 de diciembre, se produce otra contradicción por la pasión de los colores. Por un lado recordamos los desplantes, pero por otro lado la pasividad en la defensa de los colores del club. Entonces daba pena ver a Barrientos con veintipocos años jugar boqueando los últimos 15 minutos de un partido tan importante. Daba bronca ver a Bergessio que se corrió todo aún asfixiado irse indignado haciendo los gestos que hizo y manifestando públicamente lo que todos pensamos (con razón o no). Daba rabia ver cómo te cobraban en contra todo lo que era dividido y encima salen a declarar como justicieros lo que han hecho. Daba indignación ver que se había jugado en condiciones inaceptables.
Pero desde ya que a pesar de jugar con desventaja deportiva, la inexistencia de una bandera yetatora compensaba el desguisado y nos permitía afrontar la lidia con honor y esperanzas. Tal vez ahora y dada la mala suerte de la lesión de Silvera y Cháves, conjuntamente con la del resultado final, haya que hacer un censo de hinchas que fueron al cilindro ese sábado y no permitirles la entrada por mufas.

Tal vez sería el momento de empezar a pensar por qué estos últimos equipos de San Lorenzo se vienen fagocitando ilusiones. Si son los jugadores, los directivos, los dos, o todos (socios inclusive) al aceptar que pasen estas cosas en el club del que somos parte.
Tal vez sería mejor empezar a definir qué modelo de club se quiere y trabajar para ello, lo que implica también defenderlo. No se puede no tener un proyecto; y si se tiene uno, no se puede no defenderlo.
Y defenderlo no solo implica hacer las cosas bien, son seriedad, y rapidez mental (si no fuera así en Argentina te voltean al trote) sino también saber poner los límites obligatorios para generar respeto al club.

Volviendo al prócer francés, ya derrotado, abatido, enfermo y preso en Santa Elena, a miles de kilómetros de su lugar de residencia, era constantemente vigilado por un cuerpo armado que se cerraba sobre su morada por las noches a fin de evitar que se escapara de una isla deshabitada. Aún derrotado y desarmado, ése era el respeto que generaba.

Mientras tanto a nosotros desde los despachos, y sus acólitos, se nos siguen riendo en la cara.

Aguante Ciclón!!!

Segola.

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