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4 ago. 2008

A 40 años de Los Matadores

Si 20 años no es nada, 40, les aseguro, comienzan a ser una pila de esas que pesan. Como todo el mundo en el 68, teníamos 20 años y mientras París hervía y Córdoba comenzaba a hacer tambalear el gobierno autoritario de Onganía, ensayo general de lo que vendría después, ese equipo que la cultura popular definió como Los Matadores hacía las delicias de quienes desde el 59 no teníamos un torneo nacional que echarnos a la boca. Por ahí había quedado una Copa como la Jorge Newbery (hasta en esa hemos tenido de hijos a los primos del parque) pero si bien en el 61 el Toto Lorenzo había llegado en su primera incursión como técnico en Argentina para sacarnos del anteúltimo lugar y escoltar al Racing campeón y los Carasucias se habían dado a conocer unos años antes, San Lorenzo no acababa de conformar ese equipo que siempre amenazaba con arrasar pero que acaso por la juventud de sus componentes, acaso por conducciones que no daban con la tecla ( y de Barreiro estoy hablando ni más ni menos), por falta de madurez o, como yo sospecho, por esa fortuna que siempre hace falta para contratar jugadores.

Esa conducción, hay que reconocerlo sin ambages, acertó con 4 incorporaciones de lujo: llegaron al club para ese campeonato, el Gallego Rosl, un lateral izquierdo que destacaba en Gimnasia, el extraordinario Toti Veglio que lucía en Deportivo Español, Victorio Cocco procedente de Unión y con ganada prestigio y un auténtico desconocido procedente del fútbol uruguayo, el querido Sapito Villar, hombre record en presencias de la historia de San Lorenzo. Los 4 fueron jugadores de trayectoria más que exitosa en el club y en fútbol nacional.

El grupo que ya contaba con jugadores excepcionales como eran Telch, Rendo, Veira, Doval (suspendido por algo que no cometió), el formidable Tucumano Rafael Albrecht, un arquero de antología como fue Batman Buticce, Tojo, el Lobo Fischer que venía pidiendo paso desde la reserva como así también Pedrito González, el Papi Sconfianza y jugadores contrastados como Gramari, Amado y alguno que seguramente omitiré. Haber tenido todo el año apartado a Doval y a Veira ya de por sí está dando una dimensión de lo que sería ese equipo cargado de fantasía, toque, agresividad, ritmo, genialidad y presencia física. Así, a vuela pluma recuerdo que Calics, Albrecht, Rendo, Telch y Tojo habían tenido pases por la selección nacional, alguno de ellos con gran éxito. Otros como Veglio, Fischer, Rosl y Cocco llegaron posteriormente a vestir la celeste y blanca mientras que el Sapo Villar, hijo de uruguayo y argentina nunca fue reconocido por ninguna de las dos selecciones rioplatenses, acaso por celos mal entendidos de esas épocas, acaso por lo que sostiene él: su baja estatura y que, pese a ese criterio de otros tiempos, derrochó clase por más de una década en canchas argentinas.

Volver a contar partidos como los jugados en La Plata contra el equipo de Zubeldia con gol de Albrecht y avalancha devastadora en la tribuna visitante luego de un pelotazo en el travesaño de Fischer, hablar de aquella noche fría de invierno en Avellaneda contra el River de los Onega y de Carrizo o aquella tarde soleada en lo que era la herradura de Núñez sería reiterativo y objeto de otro tratamiento.

Solo quería recordar el soplo de aire fresco, el sentido de orgullo y autoestima que supuso aquel equipo histórico, primer campeón invicto del fútbol argentino, competidor del equipo de José, del Estudiantes campeón intercontinental, del Boca de Roma, Marzolini y los dos Rojas, el River ya mencionado y el sorprendente Platense de Tognieri y Valdez que fue semifinalista y cayó en un partido memorable con nuestro rival en la final casi todo hace 40 años, recuerdo a la barra seguidora y fiel que los domingos salíamos del boliche de Cobo y Centenera, excepto aquella noche del viernes 3 de mayo en que nos tocó jugar para la televisión enfrentando al Sabalero y al que despachamos por 4 a 0. Por los que ya no están y por los que aún recordamos a ese equipo talismán de nuestra historia va este mensaje con renovada esperanza de un San Lorenzo mejor.

¡Sostenga Ciclón!
Osvaldo Álvarez

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